Cuando el silencio del campo no es vacío, sino compañía
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Quien no ha vivido en el mundo rural a veces confunde el silencio con ausencia. Pero aquí el silencio está lleno de cosas: viento entre los árboles, animales moviéndose a lo lejos, herramientas trabajando en una nave, pasos conocidos en la calle del pueblo.
La naturaleza no es un decorado, es parte activa del día a día. Cambia los planes, marca los ritmos y obliga a escuchar más que a hablar. Y con el tiempo, ese silencio deja de ser extraño para convertirse en algo necesario.
También hay una forma distinta de relacionarse con el entorno. Se reconoce el sonido de cada estación, se entiende cuándo la tierra “pide” trabajo o descanso, y se aprende a observar antes de actuar.
Es una vida menos ruidosa hacia fuera, pero mucho más atenta hacia dentro. Y eso cambia completamente la forma de estar en el mundo.
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